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La Naturaleza de Parir y Nacer

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Todas las mujeres nacemos “equipadas” con la habilidad de dar a luz, con reflejos innatos que posibilitan el desarrollo del embarazo y, el parto y nacimiento. Hasta ahora la ciencia no ha podido imitar ni controlar dichos procesos que son controlados desde nuestro antiguo cerebro, el hipotálamo, que en la misma manera determina otros reflejos innatos como es sentir hambre, sed, sueño o el deseo sexual. Aunque sean reacciones instintivas y innatas o naturales, estos reflejos pueden ser inhibidos, reprimidos o estimulados según el ambiente y los sentimientos que influyen en el momento.

En casi todo el mundo la medicalización del parto sigue teniendo un gran prestigio y poder sobre el manejo de los cuerpos de las mujeres en el embarazo y parto. De acuerdo con este modelo de atención el cuerpo es visto como una maquina siempre potencialmente defectuosa que la medicina puede manipular o “arreglar”, como si fuera una simple maquina. El problema con esta perspectiva es que no contempla el funcionamiento integrado del cuerpo, no considera la influencia del ambiente y los sentimientos en el proceso y, así es que produce dificultades y complicaciones y, perjudica las madres y sus bebés en todo sentido.

Parir y nacer son procesos delicados, altamente sensibles a la influencia de sentimientos, temperatura, luz, olores, posturas corporales y muchas otras sensaciones. Negar a las mujeres estos aspectos elementales - sus sentimientos y necesidades tanto físicas como emocionales - es parte de un esquema más grande de violencia contra las mujeres en la cultura patriarcal.

Si bien parir y nacer son procesos sensibles al entorno, en casi todos los hospitales se establece condiciones hostiles para el parto y nacimiento y muchas veces mantienen una actitud de control sobre las mujeres. De esta manera se fomenta la idea que se requieren los especialistas médicas/os para salvar a las mujeres y, especialmente los y las bebés del peligro, aplicándoles drogas y otras intervenciones rutinarias. No obstante, la naturaleza es más grande y perfecta que la medicina o cualquier institución; es imposible mejorar los procesos de parto y nacimiento, ya son perfectos, tanto que nuestra especie se ha reproducido durante miles de años con eficacia.

Si realmente queremos ayudar, pues nuestro objetivo debería ser más bien de no interferir, ni estorbar, ni obstruir, es decir no hacer nada. Únicamente respetar las necesidades primordiales de las mujeres y sus bebés y, establecer condiciones favorables para el buen desencadenamiento de los procesos naturales, podemos así favorecer un parto y nacimiento saludable.  

Esta guía es preparada para mujeres embarazadas y madres, parteras, médicas/os y enfermeras. El propósito es despertar su sentido común e imaginación y pensar en maneras prácticas para facilitar un parto y nacimiento con el mínimo de complicaciones e intervenciones. Las mujeres no tenemos que aprender a parir, y los asistentes no tienen que enseñarnos, por que ya tenemos por dentro el conocimiento - instintivo, antiguo e innato - de cómo hacerlo.

Nuestros instintos se expresan en sensaciones fuertes y sentimientos que son nuestra guía; por ejemplo, si nos sentimos incómodas o asustadas con una actitud o procedimiento, es probable que sea nocivo al proceso saludable. Es preciso que las y los asistentes en el parto pongan mucha atención a las reacciones y sentimientos de las mujeres. Es preciso que las mujeres expresemos nuestros sentimientos y deseos y, que nos escuchen.

Para mayor seguridad en el parto y nacimiento las mujeres tenemos que entrar en un trance profundo, un espacio donde olvidamos todo lo que hemos aprendido; bajamos las defensas y nos sentimos libres y no-inhibidas. Solamente de esta manera  puede funcionar nuestro antiguo cerebro y, los actos íntimos e innatos, como es parir y nacer.  Las contracciones del parto y las sensaciones que experimentamos las mujeres en el parto son en gran parte controladas por mensajes químicos en el cuerpo llamadas hormonas, principalmente oxitocina, endorfinas y adrenalina. No las podemos controlar conscientemente, son liberadas automáticamente y el resultado son reacciones instintivas y respuestas innatas.

El parto fluye controlado por la oxitocina, esta hormona es muy sensible a la adrenalina. El rol de las endorfinas es de proteger la madre del dolor excesivo, y aumentar su sensibilidad a las necesidades de su cuerpo, para finalmente poder dar a luz.

 

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