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La Maternidad Segura

La seguridad y la humanidad durante el parto son de los derechos más básicos de las mujeres. Esto incluye la necesidad de recibir atención adecuada, así como privacidad, autonomía y la capacidad de tomar decisiones informadas, y el derecho de los bebés de nacer sin trauma en un ambiente de confianza y seguridad. 

Las parteras que proporcionan cuidados de maternidad en comunidades remotas de América Latina tienen el derecho de recibir entrenamiento adecuado y de contar con el equipo y medicamentos necesarios para manejar complicaciones, y de tener acceso a  un sistema de referencia óptimo que asegure el acceso oportuno a servicios de emergencia en casos necesarios. 

El derecho a servicios obstétricos de emergencia para atender complicaciones que pongan en peligro la vida es fundamental para salvar vidas en Latino América.  La maternidad debería ser segura y empoderar tanto a las mujeres como a los niños; nuestro futuro depende de ello.

 

 

Todas las mujeres necesitan y desean gozar de buena salud y recibir la mejor atención posible para ellas y sus bebés durante el nacimiento. Una emergencia médica durante el parto es la peor pesadilla de toda mujer embarazada. La imagen de una madre teniendo una hemorragia o convulsionando durante el parto, o de un bebé que no respira inmediatamente después de nacer, nos causa miedo y dolor. 

La maternidad no-segura es la tragedia silenciosa de cientos de miles de niños que cada año pierden a la persona que mejor los puede guiar y cuidar durante la niñez.  No fue sino hasta 1985, cuando la OMS anunció por primera vez que medio millón de mujeres morían cada año debido a complicaciones obstétricas, que las autoridades de salud pública y algunos grupos de mujeres empezaron a investigar y proponer condiciones para que la maternidad sea más segura.

El bienestar de las comunidades en América Latina depende de la presencia, salud y del intenso trabajo físico de las mujeres y madres tanto en el hogar como en el lugar de trabajo, sin mencionar su voluntad y capacidad de tener hijos.  Sin embargo, los gobiernos de la región han prestado poca atención al asunto de la maternidad segura.

Cada año en América Latina, 22,000 mujeres mueren durante el embarazo, parto y en los primeros 42 días después de dar a luz (OMS). Además, se estima que por cada mujer que muere, entre 30 y 50 experimentan algún daño relacionado al embarazo y la maternidad que las dejará incapacitadas temporalmente, o con una lesión permanente. 

Aproximadamente cuatro millones de mujeres recurren al aborto cada año en América Latina, y la mayoría de éstos son realizados clandestinamente y en condiciones peligrosas, a menudo resultando en daños permanentes y ocasionan cinco mil muertes cada año (Singh y Sedgh). Se estima que 800,000 mujeres son hospitalizadas debido a complicaciones. 

De los únicos cinco países en el mundo donde el aborto está completamente prohibido en todas las circunstancias, aún cuando es probable que la madre muera, cuatro países están en Latinoamérica.  La región enfrenta un enorme problema de salud pública, que amenaza la vida de las mujeres, y ejerce una gran presión en los sistemas de salud de por sí sobrecargados.
 
En 1987 la Iniciativa Global para una Maternidad Segura manifestó la necesidad de mejorar el estatus de las mujeres, mejorar los servicios de aborto en los lugares donde es legal, educar a las comunidades y fortalecer y expandir los elementos fundamentales de la salud materna (prenatal, durante el parto, y posparto) a nivel de la comunidad. 

Durante el mismo año, organizaciones no gubernamentales y agencias de Naciones Unidas se enfocaron en el control prenatal para detectar mujeres en riesgo, y en entrenar parteras tradicionales (empíricas)  en medidas preventivas para mejorar la atención durante el parto a nivel de la comunidad.  Diez años más tarde, durante la conferencia del décimo aniversario de la Iniciativa, se demostró que estas estrategias no estaban funcionando y el enfoque cambió a intervenciones del sector de salud y a incrementar el acceso de las mujeres a atención médica profesional.

La OMS emitió un enunciado que decía que la razón subyacente para los altos índices de mortalidad y morbilidad materna era la alarmante carencia de parteras entrenadas. Lo ideal es que todas las mujeres sean atendidas por parteras profesionales, y que haya servicios médicos de emergencia disponibles para todos los partos en caso de complicaciones o emergencias obstétricas inesperadas. 

Las parteras tradicionales, ya sea capacitadas o sin entrenamiento, han sido excluidas de la definición de proveedoras de salud calificadas, porque no cuentan con las habilidades clínicas, medicamentos, equipo o infraestructura para manejar complicaciones como hemorragias, eclampsia o infecciones graves.

En el año 2000, se estimaba que en los centros urbanos de América Latina, 70% de los partos eran atendidos por doctores, 15% por otros profesionales, 10% por parteras tradicionales, y 5% por otras personas.  En las áreas rurales, 30% de los partos fueron atendidos por médicos, 15% por otros profesionales, 40% por parteras tradicionales y 15% por otras personas.


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