Waleska: mi segunda hija nace en casa
Gina nació el sábado 25 de enero a las 7:09 de la noche, aquí en la casa y a las 38 semanas. Como el mismo hecho de su concepción fue una sorpresa inesperada, me imagino que por eso también decidió sorprendernos con su llegada un poco antes de tiempo. Precisamente habíamos dejado para el fin de semana que nació, hacer los últimos arreglos y las últimas compras.
Es con mucha alegría y orgullo que comparto con ustedes un poco de esta aventura. El jueves en la noche note que estaba botando poquitos de líquido amniótico, el viernes en la mañana fui a ver a mi partera, Marie (a quien por vueltas de la vida conocí hace 4 años, cuando ella era una mama embarazada que asistió a nuestro grupo de apoyo y a quien ayude con la lactancia de su hija). Me mando reposo y a estar atenta.
El sábado a las 6:00 am empecé con contracciones, a las 9:00 llame a Marie para decirle que eran cada cinco minutos. Como a las 10:30 llego ella, ya las tenia cada dos minutos. Pensamos que tal vez no nos iba a dar tiempo de que me trajeran, instalaran y llenaran la piscina especial pues las contracciones estaban muy seguidas, pero decidimos que valía la pena hacer el intento pues esto podía durar todavía muchas horas. Me alegro que lo hayamos hecho porque al final si termine usándola...
Durante un par de horas las contracciones se hicieron menos frecuentes. Aproveche para descansar. A las 4:00 pm que estuvo lista la piscina, Marie me hizo el primer y único tacto para ver si había dilatado lo suficiente para meterme al agua, y oh sorpresa, ya tenía 10 cms. Eso me animo mucho, pero tuve la suficiente sabiduría de pensar "bueno, puede que sea rápido o puede que todavía falten varias horas". El agua me ayudo mucho durante hora y media, cuando decidí salirme porque sentía que estaba demasiado relajada y no podía pujar con suficientes fuerzas. Entonces estuve otro rato en una silla de madera especial para parir que también había traído Marie. Fue una etapa de expulsión bastante larga, de tres horas, y como nos pasa a todas en algunos momentos sentía que no podía mas, pero entonces era cuando decía en voz alta "yo puedo hacer esto, yo puedo, yo puedo..." También rece mucho y en todo momento sabia que Dios me iba a dar las fuerzas que me faltaban.
En un momento sentí que mis piernas y brazos ya no aguantaban mas en esta posición, así es que me puse en el piso de rodillas, con los brazos sobre una silla. Y al final esa fue la posición en que pude sacarla, y cuando por fin salió, salió de una vez, yo misma la recibí. Se podrán imaginar ese momento, tan extraordinario y mágico. Gina empezó a llorar inmediatamente. Fue lindo que nadie me la quito, que Arturo le pudo cortar el cordón, que pudimos pasar sus primeros minutos en familia, tranquilos y felices.
Durante toda la labor tuve a mi esposo, Arturo, y a mi hija de casi 8 años, Lía, como "doulas", Lía era la encargada de contestar el teléfono (porque le avise a mi familia en Guatemala cuando empezaron las contracciones, y con esto de las distancias es para mi muy importante estar comunicada con ellos, especialmente en ocasiones tan espectaculares como esta). Una de las veces que mi mama llamo, escuche que Lía le dijo "Pues aquí, Nona Caís, oyendo a mi mami gritar y dejar sangre por toda la casa" Pero no fue para nada una experiencia traumática para ella, si demasiado larga tal vez pero se porto muy bien y fue muy lindo para mí que ella estuviera.
Inmediatamente después de que Gina naciera, le pedí a Arturo que llamara a mi mama para avisarle. Gina pegaba de gritos así es que no hubo que decirle que ya había nacido, solo con escucharla llorar se entero. Cuando me paso el teléfono y le dije "mami, mami, ya nació" mi mama empezó a llorar de la alegría y entonces yo también, nos pegamos una buena llorada de larga distancia, no se me ocurrió llorar antes pero si cuando escuche a mi mama y le pude contar la buena noticia.
Entonces el teléfono empezó a sonar. Lía atendía y yo le decía "cuéntele usted para mientras, dígale que en un momentito le atiendo, que estoy expulsando la placenta..." Esa fue una parte muy bonita también de tenerla en la casa, pues se que en un hospital no hubiera podido tener esa comunicación.
Gina no se calmaba y no paraba de llorar, Arturo necesito como media hora para calmarla, hablándole, cantándole, transmitiéndole su paz y calor de padre amoroso. Tuve un desgarre (en el lugar donde me habían hecho la episiotomía cuando nació Lía) así que necesite que me cosieran. Mientras Marie me cosía, Arturo me llevo a Gina, quien ya estaba más calmada. Trate de que tomara el pecho ella solita pero como que mis pezones estaban muy grandes para su boquita, así es que la ayude un poco y empezó a mamar. Eso me ayudo a distraerme y relajarme mientras me cosían.
A pesar del agotamiento y de las pocas horas de sueño que había tenido los últimos dos días, esa noche no pude dormir. No sé si fue la descarga de adrenalina, la euforia, pero pase casi toda la noche despierta, viendo y maravillándome del milagro que había a la par mía, de esa preciosa criatura con que Dios me había bendecido por segunda vez, eran demasiadas emociones y demasiado asombro como para dormir.
Ayer domingo vino otra vez Marie para revisarnos a las dos. Gina peso 3 kilos (7 libras) midió 49 cms. Es preciosita, con mucho pelo negro, su carita muy finita, ojos negros, se parece mucho a Lía cuando nació.
La lactancia marcha bien, ya hoy lunes siento los pechos bastante llenos y Gina ya es una experta mamona, por suerte también duerme bastante, como se habrán podido imaginar, porque si no, no hubiera podido sentarme a escribir este mensaje tan largo...



