«Para cambiar el mundo, es preciso cambiar la forma en que nacemos», dijo Michel Odent, y en esa verdad se sostiene el llamado urgente a promover partos humanizados. Un nacimiento respetado —donde la mujer es protagonista, sus decisiones son escuchadas, su cuerpo es honrado y su bebé recibido con amor y calma— no solo transforma la experiencia individual, sino que siembra las bases de una sociedad más empática, consciente y saludable. Cambiar la forma en que nacemos es reconocer que el inicio de la vida importa, y que el respeto en ese momento sagrado tiene el poder de sanar generaciones.







